CUANDO REDOBLEN LAS CAMPANAS
El 2025 terminó con un dolor profundo. Un dolor de esos que no se pueden nombrar sin que la voz se quiebre. Tal vez por eso he decidido no explicarlo, sino simplemente vivirlo. También porque el espíritu rebelde de tu madre lo necesitaba: a veces es necesario tocar fondo, hundirse en lo más hondo del ser, para poder emerger. Recuerdo con nitidez el rostro del médico. Una sonrisa extraña, casi burlona. Una disculpa breve que se resumía en una frase devastadora: “Nos equivocamos. Nunca dejó de ser un experimento que no funcionó. Ya no hay nada que hacer.” Incluso esa aparente disculpa estaba teñida de un profundo desconocimiento de lo que significa el dolor de una madre que ama a su hijo. Ya no había nada más que decir. Solo quería tomarte entre mis brazos, cumplirte la promesa de volver a ver la luz del sol juntos, llevarte de regreso con tu papá, que te ama tanto como yo. Regresamos a Oaxaca con una punzada en el corazón y en el alma, pero también con la misma convicción d...


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