SIEMPRE JUNTOS: CARTAS A ELLIOT DAMIÁN. Diálogos más allá del cuerpo

El viernes 20 fue la primera vez que me quedé sola en el departamento.
Y entonces palpé aún más tu ausencia.
El silencio no era silencio… era un eco.
Un vacío que tenía tu forma.
Sentí que me rompía un poco más.
Que el aire faltaba.
Que todo a mi alrededor daba vueltas mientras intentaba mantenerme de pie.
Tus cosas estaban en su lugar.
Pero tú no.
Y fue ahí, en medio de ese vértigo,
cuando hice lo único que me ha rescatado en todos estos años…
Escribí.
Te escribí.
Porque cuando el mundo no sabe qué decir,
cuando el dolor no cabe en el pecho,
cuando mis brazos no pueden alcanzarte…
las palabras se vuelven puente.
Hijo mío,
Este espacio nació cuando tu cuerpo luchaba por quedarse.
Hoy continúa porque tu alma sigue habitando la mía.
Siempre Juntos no es un nombre bonito.
Es una verdad espiritual.
Tú no eras solo un diagnóstico.
No eras el síndrome.
No eras la estadística.
Eras un alma luminosa que eligió mi vientre para enseñarme el amor más grande que he conocido.
Sigo hablándote.
Sigo buscándote en la luz que entra por la ventana.
En el viento suave que roza mi rostro.
En el silencio… que aún no aprendo a habitar.
Lo intento, hijo.
Te lo prometo.
Le pido a Dios, al Universo,
que me regale la fuerza y la valentía
para afrontar esta vida
con la dignidad con la que tú enfrentaste cada batalla.
A veces te pido perdón…
perdón por no haber podido hacer algo más,
por no haber encontrado otra puerta,
otro camino,
otro milagro.
Perdón si lo humano no fue suficiente.
Pero en medio de esa culpa que me atraviesa,
también intento recordarme
que te amé con todo lo que soy.
Que no hubo un solo día
en que no hiciera lo que estaba en mis manos.
Si el milagro no fue que te quedaras,
entonces fue que vinieras.
Y si tu misión era breve,
fue eterna en significado.
Estas cartas ahora son oración.
Son conversación entre planos.
Son mi manera de seguir maternándote desde el espíritu.
No sé en qué dimensión estás, hijo mío.
Pero sé que el amor que nos une no depende del tiempo ni del cuerpo.
Mi maternidad no terminó el 13 de febrero.
Se transformó.
Ahora te abrazo con la memoria.
Te beso con cada palabra.
Te sostengo en cada lágrima.
Siempre Juntos no significa que no me duela.
Significa que el dolor no es más grande que el amor.
Sigue cerca, mi vida.
Abrázame cuando la culpa quiera engañarme.
Recuérdame que hicimos todo lo que estaba en nuestras manos humanas.
Y si el Universo te sostiene ahora en su luz,
que sientas mi amor alcanzándote.
Siempre juntos, Elliot Damián.
En esta vida y en la que sigue.

Te ama mamá.
Sof Martínez 


Una tarde de Elliot Damián con su amado George 

Comentarios

Entradas populares