SEGUIR SIN TI, MI AMADO OSEZNO.

 Estas cartas siguen siendo para ti, Elliot Damián.

No importa que tu cuerpo ya no esté aquí.

Yo jamás dejaré de dialogar contigo.


Mi amado osezno…

¿Cómo seguir la vida sin ti?
Esa es la pregunta que todos los días me repito una y otra vez.
Mi alma está rota… y algo de mi Ser se fue contigo hace un mes.

Muchas personas siempre me dijeron que yo no tenía fe.
Oh, cuán equivocados estaban.

Tu propio nombre representa una profunda conexión con la espiritualidad. Elliot habla de devoción, de fe. Y Damián se asocia con la fuerza y la curación.

Lo curioso es que tu nombre lo escogimos durante el embarazo.
No sabíamos a todo lo que te ibas a enfrentar cada día de tu pequeña vida.
No sabíamos cuánto ibas a luchar por permanecer aquí, junto a nosotros.

Ha sido tan doloroso que seamos juzgados por algunas personas.
Hay quienes han señalado que no luchamos lo “necesario” o lo “suficiente”.

Que la vida los perdone.

Muchas de esas personas soltaron nuestra mano en algún momento del camino.
No estuvieron en las largas noches de soledad en las que pedíamos a Dios cambiar nuestra vida por la tuya.
Pero la vida no cumple peticiones…

“A la vida no le importa”.

Esas palabras me resuenan una y otra vez desde que el año pasado las escuché de mi estimado maestro Felipe Miramontes durante una lectura.
Primero me quemaron. Me molestaron. Pero en estos días, cuando nos quedamos solos en el departamento papá y yo, esas mismas palabras me orillaron a levantarme y hacer lo humanamente posible por seguir…nunca antes lavar unas sábanas había sido tan dolorosamente desgarrador.

Y la realidad es que también me hizo recordar que no fue hasta que redoblaron las campanas cuando nos quedamos solos…eso sucedió mucho antes. Porque las personas se alejaron de nosotros mucho tiempo atrás, e incluso llegaron peticiones a la página de Conociendo a Hunter que no compartiera fotos de tu estado. Entiendo que para algunas personas, es difícil comprender lo doloroso y traumático que fue soltar tu mano y tu frágil cuerpo ese día.

Las lágrimas brotan en todo momento, porque nuestra vida está plagada de ti.
Porque, de forma consciente, sabemos que nuestra vida giró en torno a ti… y así lo decidimos, porque queríamos comernos el mundo pero el mundo nos comió a nosotros, y lloro más porque recuerdo todos los planes que nos quedaron pendientes. 

Siempre supimos que el Universo nos prestaba tu presencia física por un corto tiempo, pero también comprendíamos que una vez llegado el día el dolor sería inmenso. Cinco veces, a lo largo de tu vida, nos dijeron que nos despidiéramos de ti. Y aun así salías avante, por eso en esta ocasión deseábamos fuera igual,

Te cobijamos todo lo que pudimos.
Y siempre viviremos con la culpa y el dolor de no haber podido hacer más para mitigar tus dolores físicos, tus pérdidas… de no haber podido salvarte la vida ni quitarte la enfermedad.

La gente siempre me juzgó por mi maternidad, por centralizarte, por no hacer lo que otras madres hacían, o porque nunca fui lo suficientemente buena madre.
Y ahora no ha sido diferente. Todos esperan que te honre de alguna manera, pero no saben lo doloroso que es no tenerte a mi lado.

Perder un hijo es un dolor inmenso para cualquier madre que siempre soñó con ser madre. Me duele que me pidan que sonría, que no llore.
Les cuesta comprender que el duelo de un hijo no se vive al ritmo que otros esperan.

Esto es demasiado grande.
Agobiante.
Ahoga.
Quema.

Otras personas hablan desde la idea de que “toda pérdida viene a enseñar algo”.

Me preguntan una y otra vez qué me enseñaste. Como si el dolor tuviera que justificarse con una enseñanza. Pero hay pérdidas que no vienen a enseñar.
Vienen a romper.

Porque es la experiencia brutal de ver cómo tu hijo da su último suspiro.Tal vez algún día pueda ver el sentido o la enseñanza.
Pero ahorita… ahorita solo estoy tratando de sostenerme lo mejor que puedo.

Y esa es la única forma que tengo de honrarte en este momento, vida mía. Porque minutos antes te lo prometí: ser al menos la mitad de fuerte de lo que tú fuiste en este camino.

Pero la verdad es que mamá es muy débil de carácter. Mamá y papá te extrañamos enormemente.
Desde que te fuiste, caminar se siente como hacerlo a ciegas.

Hoy papá y yo nos abrazamos.
Lloramos juntos y también en silencio. Nos preguntamos una y otra vez ¿cómo un amor tan grande y puro nos fue negado? ¿es que seremos tan malas personas que nos han quitado nuestro más grande amor?

Recordamos tus besitos.
Tus abrazos.
Tus bellos ojos.
Y esa enorme sonrisa que siempre nos regalabas… incluso ese último día.

¿Pero cómo no extrañarte?

No sé si alguna vez pueda volver a sonreír como lo hice desde que supe que estabas en mi vientre.

No sé si algún día podré mirar los atardeceres sin inundarme de llanto.

Extraño tomar tu mano.
Extraño reír contigo.
Extraño tu aroma.
Extraño tu esencia.

¿Cómo puedo seguir sin ti?

Te hice varias promesas, pero en este momento las tengo revueltas, pero sí recuerdo que en diciembre que agradecí por ayudarme a ser tan original como tú siempre lo fuiste.
Preocuparme menos por el qué dirán.
Disfrutar del viento sobre mi rostro como tú lo hacías.
Las cobijas calientitas que tanto nos gustaban.

Escuchar menos esas ideas absurdas y simplemente decirle a las personas que amo, lo especiales que son para mí.

Por eso no pretendo callar mi dolor ni esconder mi duelo.

Jamás oculté el inmenso amor que siento por ti.
Me es imposible ocultar el inmenso dolor de tu partida.

Si la vida me está castigando por no haber sido una buena madre, como algunas personas me han dicho, ya lo está haciendo.

Porque me quedé aquí.
Sin ti.
Con mis brazos vacíos.

Te pediré perdón una y otra vez, como siempre lo hice, por haberte heredado esta enfermedad.
Y ahora también por no haberte podido salvar.

Seguiré orando…
para poder reconocer las señales de tu paz.
Para que mis ojos espirituales se abran incluso en medio del dolor.
Para que mi corazón se serene.

Y para que las señales lleguen a mí,
para saber que estás sostenido,
que no sufres,
que descansas en el mismo amor que papá y mamá siempre te tuvimos.

Perdónanos, vida mía,
por todo lo que te quedamos debiendo en esta vida.

Perdónanos lo necesario para que algún día podamos reencontrarnos en otra vida.

Y permítenos, entonces, volver a ser tu padre y tu madre…
y tú, nuevamente, nuestro amado hijo.

Mi amado osezno,

te amo infinitamente.

Y siempre, siempre estaremos juntos, porque donde estés , hijo mío, mi amor siempre sabrá encontrarte.

Siempre juntos.
Para Elliot Damián.
— Mamá: Sof Martínez


Noviembre de 2023. Elliot Damián


Comentarios

Entradas populares