A TODO LO QUE SE FUE CONTIGO
La vivencia del duelo es circular, escuché… y me hizo tanto sentido. Porque hay ocasiones en que pareciera que el dolor aminora, pero regresa a ese instante en que te tuve que dejar ir…Esta vez me tardé en escribirte, porque quería contarte que las cosas marchan mucho mejor y darte buenas noticias, pero no es así.
Tu partida no solo dejó ese espacio en nuestros corazones… Es abrir la puerta del departamento y no verte en el sillón, con tus enormes ojos, sonreír. Es voltear al lado de la cama y no oler tu aroma ni poder tomar tu mano con esos dedos regordetes. Es no escuchar tu voz decirme “Ma”. Es eso y mucho más…El mundo sigue girando y todos los días me esfuerzo por seguir lo que dicta la sociedad: seguir con mi vida, “echarle ganas”, trabajar y hacer como que la vida sigue sin problemas. Pero esa sociedad, en ocasiones, omite lo difícil que es llevarlo a cabo. Porque cuando alguien muere, no solo se pierde a esa persona. También se pierde la vida que conocías.
Lucho también por no quedarme con lo que yo pienso. Finalmente, las personas no tienen ninguna obligación de vivir el duelo a mi lado.Pero, ¿te soy sincera? Me dolieron las personas que ni siquiera se acercaron a darme el pésame, las muchas personas que tan solo ignoraron lo que pasó. No porque no supieran, simplemente no hubo interés alguno.
Me duelen las personas que se alejaron porque no están dispuestas a lidiar con los subes y bajas de mi estado emocional. Me duele que las personas que siempre juré que más me conocían sean las que menos me conocen y comprenden. Me duele la soledad física, real, que hoy en día existe en mi vida.Y sí, sí sé que nadie está obligado a estar a mi lado, principalmente cuando no existe un vínculo conmigo. Por lo tanto, en cierta forma, no debería extrañarme ni dolerme; sin embargo, no es así. Sí me duele y sí me lastimaron determinadas personas.
Finalmente, nunca he tenido una amistad cercana, y también siento que nunca he sido de esas personas que otros eligen para construir una amistad. Pero yo tampoco la he propiciado. Todos estos años mi prioridad has sido tú, incluso ahora que no estás, y entiendo que para las demás personas tú no eras su prioridad, con justa razón… Entonces sé que no estoy en la posición de hablar abiertamente de ese dolor e incomodidad.
Solo sé que ninguna persona debería pasar por este dolor sola, porque en ocasiones se requiere de un sostén que, en este momento, no existe.Por eso, mi querido Elliot, me apena tanto escribir todo esto, porque yo te prometí estar lo mejor posible y siento que te sigo fallando.
No soy lo suficientemente buena madre, nunca lo fui. Por eso, a la fecha, hay muchas personas que me lo señalan. Para esas personas, yo nunca hice lo suficiente por ti, y sí, me lastima, porque no comprenden cómo fue nuestro caminar desde que naciste.
Es septiembre y a mí me aterran los meses que vienen… ¿Cómo podré sostenerme?, me pregunto una y otra vez. Eran nuestros meses, los meses en que te veía reír más, y ahora es una oscuridad total…El 14 de septiembre fue el cumpleaños de papá oso y fue muy extraño y sumamente doloroso pasar ese día sin ti, al grado de que este año no hubo pastel para él.
Cuando escribo esto, me viene a la mente lo que muchas veces te dije: no permitas que las personas te hieran, porque, a pesar de que te rechazaron muchas veces, personas de todas las edades, tú nunca dejaste de reír, de disfrutar los paisajes y la comida…
Y hoy hice eso. Salí a caminar por la ciudad. Recorrí algunos lugares donde tú y yo íbamos. Me senté a observar a la gente, como hacíamos cuando eras un bebesito, en ese parque que ahora resulta tan cambiado. Fui al restaurante que nos gustaba. Los dueños y meseros que te conocieron me preguntaron cómo seguía. Lo agradecí tanto.
Y caminé con lágrimas en los ojos, porque te extraño a mi lado… Durante 13 años, tú siempre me acompañaste. Dejé de tener amistades de manera paulatina cuando me convertí en cuidadora, y ahora que ya no estás, me quedé completamente sola: sin amistades y, principalmente, sin ti…
Ahora solo le pido a la vida que me dé la fuerza suficiente ante cada amanecer para poder disfrutar de la vida como lo hacías tú, porque finalmente era lo que te enseñé y creo que es algo que debo recordar. No sé si alguna vez tenga amistades. Tal vez algún día me atreva a intentarlo otra vez, o tal vez aprenda que esta soledad también forma parte de una elección de vida… No lo sé.
Mientras tanto, me refugio en ese tu sillón, con la mantita que te gustaba y tu perrosaurio, y te imagino así, caminando entre girasoles y muchas piedritas, como te gustaba. Yo solo deseo infinitamente que estés tranquilo, en donde quiera que estés; que tu dolor físico ya no exista para nada, y tampoco ese dolor emocional que muchas veces también viviste por lo que socialmente te tocó enfrentar…
Mejor ya no te prometo nada, porque este torbellino aún es muy complejo…
Y duele…
Te ama mamá: Sof Martínez
| Siempre nos hiciste felices, amado Elliot Damián |
Maestra, no sé si existan palabras capaces de acompañar un dolor tan grande como el que está viviendo, pero si me gustaría que supiera que hay personas que la leen, que la escuchan y que no son indiferentes a lo que está viviendo.
ResponderEliminarNo creo que le esté fallando a Elliot por tener días difíciles, por sentirse sola, por enojarse, por extrañar, por no saber cómo sostenerse. Al contrario, creo que todo lo que escribe habla del amor tan inmenso que le tuvo y que sigue teniendo por él. No se reproche nada, usted nunca le falló, creo que se encuentra equivocada al expresar que que no es lo suficientemente buena madre, usted hizo hasta lo imposible por él, usted junto a su esposo batalló en hospitales, luchó contra el precario servicio de salud, educó/informó gente al visibilizar el síndrome de Hunter, viajó a distintos lugares para poder ayudar a su hijo, trabajo horas extra. Usted es lo que Elliot necesitó por su paso en este mundo. Solo ustedes saben las batallas que libraron.
Ojalá en los meses que vienen pueda encontrar personas que sepan acompañarla sin pedirle que esté bien, que puedan simplemente sentarse a su lado cuando no haya nada que decir. Y mientras tanto, espero que pueda recordar algo que usted misma le enseñó a Elliot: seguir encontrando pequeños momentos para disfrutar de la vida, incluso cuando duele.
No está sola, maestra. Tal vez no pueda imaginar ahora cómo atravesar todo lo que está pasando en su vida, pero hay personas que estamos aquí, leyendo, recordando a Elliot a través de sus palabras y acompañándola aunque sea desde la distancia.
Un abrazo muy grande