¿PARA QUIÉN ME DISFRAZO HOY?

30 de abril de 2026
¿PARA QUIÉN ME DISFRAZO HOY?

Mi amado Elliot Damián:
Me es inevitable sentirme tan triste el día de hoy. Aunque todos los días te pienso, te extraño y te lloro, esta semana en particular ha sido muy complicada. Sabía que este día, como otras fechas especiales, iba a doler distinto.

Recordé cuando, de pequeño, tratábamos de llevarte a la playa que tanto te gustaba. Pensé en ir… pero aún no estoy lo suficientemente fuerte para enfrentarme a tocar la arena con mis pies sin ti.

Aún me siento tan culpable por no haberte podido salvar, por no haber sido lo suficientemente buena madre, por no haber luchado más por ti, por tantas cosas… que hoy algunas personas incluso me echan en cara. De verdad, espero que donde estés puedas perdonarme, y que tú sí puedas ver todo lo que tanto papá como yo intentamos para que estuvieras estable, para que vivieras feliz. Y te seré sincera… también espero que la justicia alcance a todas esas personas que te hicieron daño físico y emocional.

Aquí, en cuanto tu cuerpo físico partió, papá y yo sentimos que teníamos la obligación moral de devolver un poco de lo que, mientras vivías, las personas te dieron. Donamos los medicamentos anticonvulsivos que habían quedado pendientes: 35 cajas que fueron entregadas a la Dra. Mariel Pizarro, para su distribución controlada, ya que requieren receta médica.

También donamos tu carreola especial y la silla de ruedas de transporte; esas se las dimos a Klinter, para que pudieran entregarlas a quien más lo necesitara. Donamos algunas de tus cobijas también.

Lamentablemente no tenemos evidencia de esas donaciones, pero queríamos nombrarlo, porque hubo quienes desconfiaban y pensaban que lo recaudado era mal utilizado… y no, nunca fue así.

Aún no hemos logrado encontrar a alguien que realmente necesite tu silla de ruedas PCI. Y duele, porque como pasaba cuando estabas en vida, hay personas que quieren lucrar con tus cosas.

También donamos playeras, gorras y algunas otras prendas que fueron tuyas. Nos quedan tus pijamas, tus frazadas, tus juguetes y tu ropa de diario… pero eso duele mucho retirarlo de tu cuarto. Tus juguetes, ni se diga. Yo sé que eres más que esos objetos, pero para mí todo tiene algo de ti.

Sin embargo, sé que tú siempre fuiste un niño al que le gustaba compartir. Aunque muchas veces las personas se hacían a un lado cuando te veían, o incluso les prohibían a sus hijas e hijos acercarse porque estabas “enfermito”, tú nunca discriminaste.

Creo que por eso te gustaba tanto ir a Playa Corralero. Ahí los niños eran simplemente niños. Nunca vimos que te discriminaran, y tú eras feliz viéndolos nadar, tratando de imitarlos. Algunos pequeños se acercaban a ti, y tú lo disfrutabas. Yo le tengo un cariño muy especial a ese lugar… y espero algún día poder regresar.

Así que sé que, en algún momento, de manera simbólica y como parte de honrar tu memoria, entregaremos lo que falta con el mismo amor con el que te dimos cada cosa. Todo lo que te dimos siempre fue pensado para que estuvieras cómodo, a gusto. Yo de verdad quería mostrarte el lado bonito de la vida y de las personas… pero no siempre me fue posible.

La vida, y las personas, no lo hicieron fácil. Tuviste que pasar por tanto dolor físico y sufrimiento… que en este momento de nuestra vida, papá y yo no lloramos solo por tu ausencia física, sino por todas esas lágrimas contenidas durante 13 años, intentando ser lo suficientemente fuertes para luchar por ti: para que recibieras atención médica, para que tuvieras cierta estabilidad. Y sé perfectamente que nunca nada será suficiente.

Te extraño mucho, mi vida… y de verdad lo intento. Intento ser lo suficientemente fuerte para concluir todo lo que tenga que concluir. Porque, tras tu partida, un huracán atravesó nuestras vidas: pérdida de trabajo, de espacios, de personas, de aparentes vínculos, incluso de nuestro pequeño hogar.

La vida nos está golpeando fuerte, a tu papá y a mí. A veces pensamos que, en otra vida, fuimos muy, muy malos… y tú fuiste un curita para nuestra alma herida.

Mi amado Elliot… yo solo espero que ahora puedas volver a disfrutar de la playa, que rías mucho, que juegues con tu pelotita y tu palita como te gustaba. Que estés disfrutando de toda la comida que tus abuelitos y tus tías te estén dando, que te acunen y te canten como papá y yo lo hacíamos.

De verdad, todos los días le pido a Dios que estés feliz… porque sentimos que nosotros no pudimos hacer más por ti, y en esta tierra tan caótica, te fallamos.

Hoy es 30 de abril…
pero ahora, ¿para quién me disfrazo y hago pastel?

Siempre juntos.
Te ama mamá, Sof Martínez

Las donaciones que se realizaron y lo bonito que te deseamos mi niño hermoso.

Comentarios

Entradas populares